De prudentes
- Cristian Alvarez

- 31 mar 2019
- 2 min de lectura
Mi amor secreto
se encuentra dividido en incondicionales
conflictos de excesos opuestos,
inconscientes de los orígenes afines
de sus innegables parentescos,
compiten como ancestros enemigos
la alegría y la nostalgia
disputándose en una feroz campaña,
valiéndose de sus más truculentas artimañas
para volverme correligionario comprometido
de sus respectivas y legendarias causas.
Mi amor secreto
me conoce, pero desconoce que lo es,
me saluda, pero sin distinguirme del montón,
se despide convencionalmente
a salvo e indiferente por completo
de todas las malditas maravillas
que con sólo su avistamiento desató.
A veces mi amor secreto
coincide conmigo por casualidad
con un halo totalmente desintencionado,
yo entonces me acerco disimulado
rondando encubierto su espacio
con mi perenne síndrome de invisibilidad
evitando a toda costa se me llegue a notar
que detrás de este personaje improvisado
de desinteresado amigo sobreactuado
se encuentra un amante desafortunado
que la ama de la manera más cruel
que es concebible, apenas soportable
y casi incompatible con la vida
que se puede alguien amar
y ésta es: en el anonimato.
Pues en vez de mariposas,
pterodáctilos de papel multicolores
surcan mis cielos estomacales,
las mejillas se me ruborizan intensas,
como pintarrajeadas por dos bofetadas
con las manos manchadas de sangre,
y una ta-ta-ta-ta-tartamudez metralla
se vuelve lastimosamente impulsiva.
Mi amor secreto me espera cada noche
en la abadía solitaria de mi habitación,
donde los últimos rayos crepusculares
del atardecer se difuminan
a través de las cortinas azul rey
atribuyéndole a su desnudes
los requisitos más estrictos de un linaje sagrado;
recostándose provocadoramente inocente
apartando de su silueta mis ciencias,
y con un minúsculo movimiento de su índice
me invita a compartir con ella
el altar mayor de éstas;
sin dudar un solo segundo
la estrecho entre mis brazos
y me abandono sin rezagos
en sus misterios más profundos.
Hasta que despierto
Borracho de sensaciones extrañas…
Fue tan real hacerle el amor
a su fantasma.
Mi amor secreto
sé que sería de prudentes darme por vencido
pero la prudencia como has leído
la he vencido y me empieza a gustar el estilo;
así que anticipándome a tu sorpresa
no tienes por qué decirme mucho gusto
porque desde siempre el gusto ha sido sólo mío.





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