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Ese yo quien ya no soy

  • Foto del escritor: Cristian Alvarez
    Cristian Alvarez
  • 21 jun 2019
  • 2 min de lectura

Heme aquí sentado

en la misma banca

en la que tantas noches

te esperé.


No estoy sólo

pues a mi lado por casualidad

está un joven con unas flores

en sus manos.


No deja de mirar su reloj

como tampoco de voltear

a todos lados.


Se ve tan entusiasmado

se le desborda el corazón

por las pupilas

y es tanta su alegría

que se esfuerza por no esbozar

una sonrisa.


De reojo lo vuelvo a mirar,

ahora acomoda sus flores

girándolas meticulosamente

casi microscópicamente

en una posición que favorezca mejor

el tierno encanto de su sorpresa.


De pies a cabeza

es pulcritud y nervios

algo me dice que está esperando

a la chica de sus sueños.


Al dar las ocho en punto

aquel joven ya no voltea a otra parte

que no sea a la luz de una puerta

abierta en la distancia;

y con gran excitación alerta

comienza una pelota a rebotarle

por debajo del bolsillo izquierdo de su camisa;

y esta vez ya no puede ocultar más su sonrisa

y sus ojos se desbordan de sus cuencas de miel

y sus manos se vuelven los tallos de sus flores.


De aquella puerta sale

una hermosa joven

que se despide de algunos amigos

y se dirige a él.


Él espera a que ella se acerque,

pero ya teniéndola a unos pasos

él se para y le extiende la mano de flores;

ella lo besa y dice que le ama

y él la besa y le responde que también

la ama.


El galante caballero que viste

mezclilla, playera, tenis

y dos papelitos de baja denominación

como para devaluada fortuna todo su dinero

se ofrece a cargarle la mochila

a su tan anhelado lucero;

ya liberándola de aquel estorbo

le echa el brazo al hombro

y se alejan de aquí haciéndose uno solo.


Qué triste,

me senté junto a mi yo del pasado

y no pude advertirme

que me dejarías con el corazón hecho pedazos.



 
 
 

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