Morir de risa
- Cristian Alvarez

- 16 mar 2019
- 1 min de lectura
Hay que practicar la alegría
como un deporte por diversión,
no por competencia.
Lo inusual hace la diferencia.
Reír sea lo que sea que venga,
reír por ocurrencia,
reír en los hospitales y en los funerales.
Reír en las iglesias,
en los museos, en las bibliotecas,
en los recitales de poesía
en las inquisiciones familiares
y en los tribunales de justicia.
Reír en los despidos laborales,
en los conciertos de ópera.
en las clases de historia
y en las conferencias políticas.
Reír en asambleas, convenciones,
congresos, mítines, conclaves,
sesiones y parlamentos.
Reír incluso en los minutos de silencio.
Reír cuando tu equipo va perdiendo
Reír haciendo fila.
Reír solo o en compañía.
Reír sin que nadie lo prediga,
sin importar que te callen,
o saquen o tachen de loco.
Reír hasta ponerte rojo
hasta las lágrimas
hasta que de ti se rían.
Contagia al mundo con tu risa,
vuélvela una pandemia incurable
e insalvable y siéntete orgulloso
de que tú fuiste quien la propagaste.
Y así en la muerte
un rigor mortis característico
nos salve de una innecesaria autopsia.
—¿Doctor de qué murió el paciente?
—Murió de risa.





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