Redacción a la antigua de mi sentimiento moderno.
- Cristian Alvarez

- 24 feb 2019
- 2 min de lectura
Actualizado: 10 mar 2019
Estimada señorita Karina:
Por la presente permitame hacerle de su conocimiento que me encuentro en un estado de alegría inmensa con la cual desgraciadamente no puedo comparar con nada, pues nada desde este entonces me ha hecho tan feliz como lo estoy ahora.
Con todo el respeto que se merece, tiene usted que saber señorita Karina, que usted es el porqué de tanta felicidad, y es que perdone este próximo y breve atrevimiento que va haciendo equilibrio entre el descaro y la verdad pero tengo que confesarle que ha entrado a mi corazón, que la llevo a todas partes a donde voy aquí en mi mente, que la deseo más allá del calor de su piel o su carne, que la deseo desde su alma y hacia mí, que entre la multitud en ocasiones me parece ver su rostro, hasta que me doy cuenta que la confundo, que sólo son las ganas de volverla a ver.
Señorita mucho me temo que estoy enamorado de usted. Y sé que usted lo sabe, que me ve, que está pendiente de cada cosa que yo le digo, que le gusta platicar a usted conmigo y en ciertas ocasiones he visto en sus ojos un poco más que una amistad.
Pero cada día que pasa es un día más que no la logré besar, que no la pude acariciar, que no alcancé a liberar de la sensatez de mi garganta las palabras que me gustaría decirle, pues sépase que esto es un pequeño atisbo, como poco más o menos el segundo de un milenio de todo lo que tengo para usted.
Y usted ha de estar pensando que estoy exagerando, que estoy loco o que estoy jugando.
Sin darse cuenta que jamás he dicho tanta verdad junta, así que váyalo tomando como algo personal.
Por el momento será todo lo que tenga que decirle agradeciendo de antemano su atención y su existencia; Que aunque sé que usted es de corazón humilde yo quiero decirle que para mí su vida en mi vida es una bendición.





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