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Solo existo cuando estoy contigo

  • Foto del escritor: Cristian Alvarez
    Cristian Alvarez
  • 31 mar 2019
  • 2 min de lectura

Todo mi día

lo puedo resumir en la espera

para estar contigo.

Mirar el reloj es un espectáculo aburrido

al que no dejo de estar pendiente

pues la danza de tres manecillas

que giran sujetas de un eje

entretienen la angustia suicida

del tiempo para verte.


Mi día empieza a contar

cuando por fin nos vemos;

un concierto de trinos

de aves de todos tipos

llenan de alegría mis oídos;

la realidad tal cual es

ya no es

cuando mi mano

atrapa a la tuya en el camino

ya que el asfalto gris

que pisamos con los pies

se va transformando a cada paso

en una caricatura

de color y consistencia

de pastel,

mientras,

la luna

si es de noche

o el sol

si es de día

cantan para nosotros

acompañando a aquella

romántica melodía;

y sin que nadie lo prediga

tus ojos me miran,

haciéndome desear

hospedarme para siempre

en el interior de tus pupilas;

amada mía,

te apuesto no te imaginas

lo que pasa cuando me besas…

me haces sentir

Napoleón, Dios y Cesar

entre otras tantas excentricidades

patologías típicas

de las razones extraviadas

pero que en mi caso

muy bien justificadas

ya que besarte

tocarte

abrazarte

y amarte

eran palabras que para mí

nada significaban antes

y que ahora las aprecio

tanto como invaluables e insustituibles

obras de arte,

que hacen olvidarme

de mí y del mundo

excepto y con detalle

de todo cuanto respecta a ti,

así que te tengo que advertir

o si mejor te parece presumir

que soy tu adicto,

incapaz de poder o querer salvarme.


Mi fantástica existencia termina

cuando nos despedimos

en esos minutos finales

cuando estoy contigo,

me das un beso

me abrazas

y después sonríes

me dices que me amas y hasta mañana;

mi mano se quiere quedar contigo

y con la yemas de los dedos

acaricio los últimos centímetros

de tu despido

y cuando mis manos

caen en el frío precipicio

de la distancia

que se agranda y nos aleja

tu santa imagen de ángel traviesa

desaparece de mi vista

cuando cierras lentamente la puerta

pero reaparece en mi cabeza,

y yo me doy vuelta y me doy cuenta

que en ese preciso momento

desaparezco hasta el día siguiente de mi cuerpo;

pues amada mía

sólo existo cuando estoy contigo.



 
 
 

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